SOCIALES

La noche Santa de la Vigilia Pascual.

Parroquia de SantaLucia, San Francisco de Campeche, Campeche, México. Pbro. Carlos Guzmán Hernández

¡Ha resucitado Jesús el crucificado!

Feliceses Pascuas de resurrection.    Hermanos hoy la iglesia celebra la madre de todas lasnoches. Es la gran vigilia, en la que Jesucristo  es vencedor de la muerte y se presenta como el Señor de la vida.

En este domingo se nos ofrece  el comienzo de un nuevo día:

El “día Señorial”

El primer día de la semana…” (24,1).  El evangelista Lucas tiene una manera particular de presentar en mensaje pascual. Lo hace articulando cuatro acontecimientos en un solo día: el día de la revelación pascual.

Para ello pone en primer plano la fidelidad de las mujeres a la ley hebrea del reposo sabático (“Y el sábado descansaron según el precepto”, Lc 23,56).   ahora comienza un nuevo día que permanecerá en adelante como el “día del Señor” (o “día Señorial”): el día de la Resurrección de Jesús y de su manifestación en el caminar histórico de sus discípulos, obra salvífica internamente eficaz en todo quehacer libre del creyente.

Los cuatro acontecimientos del día pascual son: (1) Las mujeres ante la tumba vacía y el mensaje celestial (Lc 24,1-12); (2) los peregrinos de Emaús encuentran a Jesús, recibiendo la formación de un testigo pascual (24,13-35); (3) en una cena los apóstoles ven a Jesús vivo y reciben el encargo misionero (24,36-49); (4) la ascensión de Jesús (24,50-53). El hilo conductor de los tres primeros episodios es la instrucción pascual en la que se expone el designio salvífico revelado en la Escritura, realizado y proclamado por Jesús (ver 24,6-7.26-27.44-47).

(2) Antes y después del sábado: el hilo conductor del afecto y la fidelidad de las mujeres

Lucas destaca la presencia de las mujeres en tres momentos clave:

(a) En el Calvario: “Estaban viendo estas cosas… las mujeres que lo habían seguido desde Galilea” (23,49). Ellas siguen siendo fieles a Jesús. Pero, con todo, Lucas señala un elemento de debilidad: “Estaban a distancia”.  Lo que importa, por lo pronto, es que “ven” y esta primera observación de los acontecimientos de la muerte de Jesús dará su fruto de fe después de la resurrección.

(b) En la sepultura: Lucas presenta a las mujeres como las últimas en salir del escenario de los fatídicos eventos, anota que “vieron” la tumba y la reverencia con que fue depositado allí el cadáver de Jesús (“cómo era colocado su cuerpo”, 23,55). Enseguida se van, pero solamente para preparar el regreso. El poco tiempo que les queda del viernes es para preparar los óleos perfumados, como conviene a la sepultura real de Jesús, quien fue crucificado como “rey de los judíos”. 

(c) En la mañana de la resurrección: las mujeres “fueron llevando las aromas que habían preparado” (24,1). Puesto que tenían todo preparado pueden madrugar apenas ha pasado el reposo sabático.

Notemos la constante de la fidelidad en el amor. En el llevar aromas se revela toda la ternura de estas discípulas de Jesús que permanecen fieles al Maestro hasta la cruz; esta fidelidad se prolonga tras la noche oscura del sábado santo, cuando van a ungir su cuerpo que todavía creen allí, prisionero de la muerte. Vienen para conservar lo único que queda de Aquel por quien lo dejaron todo desde Galilea. Esto que pretenden hacer era, en el contexto de esa época, un gesto propio de los familiares. Las mujeres se comportan como las personas más cercanas, como legítimos familiares de Jesús (ver 8,20-21).

(3) La tumba vacía y el mensaje pascual

Según los vv.2-3, en lugar de un sepulcro cerrado las mujeres descubren que la piedra de la entrada ha sido rodada y que la cámara funeraria está vacía. Lucas le da el título de “Señor” a Jesús: “no hallaron el cuerpo del Señor Jesús”; un título con sabor pascual.

Se describe enseguida la “inseguridad” de las mujeres (v.4ª). La aparición de “dos hombres con vestidos resplandecientes”, levanta un nuevo telón para que se pueda comprender el sentido del acontecimiento (v.4b). El hecho de ser “dos” indica que se trata del anuncio realizado por testigos válidos (ver 10,1; también Deuteronomio 19,15: para que un testimonio sea válido debe haber por lo menos dos testigos oculares). Su vestido resplandeciente nos remite al estado glorioso (ver el relato de la transfiguración, 9,29; ver una aparición similar en Hechos 1,10 y 10,30).

Las mujeres se preparan para escuchar el mensaje con una postración profunda (ver Daniel 10,2-12). No dice que “cayeron” sino que “inclinaron el rostro a tierra”, lo cual indica el clima de adoración con que reciben las palabras de los ángeles (ver 24,5ª).

Entonces los dos mensajeros hacen el anuncio fundamental de que ¡JESÚS ESTÁ VIVO! (ver en 24,23: los ángeles “decían que él vivía”).  Dicho anuncio tiene tres partes:

(a) Una pregunta que indica que están buscando a Jesús por el camino equivocado: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?” (24,5b). Literalmente: “al viviente”.

(b) Una novedad: “No está aquí, ha resucitado” (24,6ª).

(c) Una exhortación introducida por un imperativo: “Recordad cómo os habló cuando estaba todavía en Galilea…” (24,6c). Y se agrega el mensaje que hay que recordar (v.7).

Veamos cómo nace la fe pascual en este relato.  Los mensajeros no le dan una palabra de conforto a la mujeres (“No temáis”, Mc 16,6), sino que por medio de una pregunta las invitan a buscar al Resucitado en el lugar correcto. Si bien las mujeres están haciendo lo que creen que es correcto, hay un error fundamental de perspectiva: buscan a un difunto y no al viviente que es Jesús, puesto que todavía no han creído la palabra de Jesús acerca de la resurrección.

Entonces, ¿Dónde hay que buscar al Viviente? La respuesta de los mensajeros es “¡Recordad!”:

(a) Jesús ya había dicho que la Pasión estaría seguida de la resurrección (ver 9,22) y que esto obedecía al plan de Dios Padre (sentido de la frase “es necesario”) quien por el camino de la Cruz conduce a la Gloria.  Por lo tanto, se trata de reconocer a través de la fe los dolorosos acontecimientos del sufrimiento y muerte de Jesús, y que él está vivo.

(b) No hay que buscar a Jesús en el “memorial” que es la tumba sino en la memoria viva y actualizante de las enseñanzas (palabras y acciones) recibidas en el proceso de discipulado. En el camino de discipulado se ha pasado de la muerte a la vida (ver 9,60). El mensaje pascual invita a repasar y asumir la historia completa del evangelio: Jesús, quien había proclamado la salvación de Dios desde Galilea hasta Jerusalén y quien sufrió la prueba de la pasión y ha triunfado de la muerte.

 “Y ellas recordaron sus palabras” (24,8).  Esta una forma concreta de decir que las mujeres creyeron en la Palabra.

(4) Las mujeres son constituidas testigos con pleno derecho

No se habla de una aparición de Jesús a las mujeres, su fe fue suficiente. Por iniciativa propia van a buscar a los discípulos para anunciar el acontecimiento: los hechos y el mensaje. Gracias a las mujeres el testimonio pascual comienza a difundirse: “anunciaron todas estas cosas” a la Comunidad.

Estas discípulas fieles, que no abandonaron a Jesús y que regresaron para terminar lo que quedó faltando en el funeral, se convierten en las primeras testigos de la resurrección.  Las mujeres tienen una mayor responsabilidad. Son constituidas en testigos con pleno derecho, así los discípulos pongan resistencia para aceptarlo.

De hecho, como se anota casi enseguida, la fe tenaz de las mujeres está en brusco contraste con la débil reacción por parte de los otros discípulos, quienes toman el anuncio como “disparate” o “tontería” de las mujeres; de hecho “no creen” (v.11).

(5) La visita de Pedro al sepulcro (24,12)

Se agrega finalmente que Pedro “se levantó y corrió al sepulcro” (24,12). El episodio nos recuerda lo narrado en Juan 20,3-10 (que leemos mañana), con la diferencia notable de que Pedro va solo.

El “ve” y se queda “estupefacto” por lo que ve.  Su “ver” no es todavía la comprensión penetrante de la revelación que había transformado al centurión romano (“Al ver el centurión lo sucedido, glorificaba a Dios diciendo: ‘Ciertamente este hombre era justo’”, 23,47) o a las mujeres mismas al amanecer.  Hasta que el Resucitado no haya traspasado la mente obtusa de Pedro y de los otros apóstoles, estos no serán capaces de creer plenamente en estupenda realidad de la resurrección.

Nuevos signos del Resucitado están por venir. Por lo pronto, la presencia de Pedro, el primero de los apóstoles, es significativa en este momento. Quizás sea este el preludio del “ver” completo de Pedro que será motivo de proclamación más adelante en Jerusalén: “¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!” (24,34).

¡Jesús, tú que eres el Viviente, ilumina nuestras vidas con el gozo de tu Palabra que le da sentido a todas las cosas y llénanos de la gloria que tú y sólo tú, nuestra esperanza, puedes darnos venciendo cada una de nuestras amarguras y enjugando nuestros llantos! Amén.

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