SOCIALES

Déjate encontrar por Jesús como la Samaritana, hay muchos brocales, ten bien abierto los ojos del alma para percibir su Presencia

PARROQUIA VIRGEN DEL CARMEN

PBRO. JOSÉ MANUEL IZQUIERDO GARCÍA

15 DE MARZO 2020

III DOMINGO DE CUARESMA
PRIMERA LECTURA
Del libro del Éxodo: 17, 3-7
En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, fue a protestar contra Moisés, diciéndole: «¿Nos has hecho salir de Egipto para hacemos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestro ganado?».
Moisés clamó al Señor y le dijo: «¿Qué puedo hacer con este pueblo? Sólo falta que me apedreen». Respondió el Señor a Moisés: «Preséntate al pueblo, llevando contigo a algunos de los ancianos de Israel, toma en tu mano el cayado con que golpeaste el Nilo y vete. Yo estaré ante ti, sobre la peña, en Horeb. Golpea la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo».
Así lo hizo Moisés a la vista de los ancianos de Israel y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la rebelión de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: «¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?». Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL Del salmo 94
R/. Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan, lancemos vivas al Señor, aclamemos al Dios que nos salva. Acerquémonos a él, llenos de júbilo, y démosle gracias. R/.
Vengan, y puestos de rodillas, adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo, pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo; él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas. R/.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice: «No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión en el desierto, cuando sus padres dudaron de mí, aunque habían visto mis obras». R/.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 5, 1-2. 5-8
Hermanos: Ya que hemos sido justificados por la fe, mantengámonos en paz con Dios, por mediación de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido, con la fe, la entrada al mundo de la gracia, en el cual nos encontramos; por él, podemos gloriarnos de tener la esperanza de participar en la gloria de Dios.
La esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado. En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado.
Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores. Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Jn 4, 42. 15
R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús. Señor, tú eres el Salvador del mundo. Dame de tu agua viva para que no vuelva a tener sed. R/.
EVANGELIO

  • Del santo Evangelio según san Juan: 4, 5-42
    En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaría, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía.
    Entonces llegó una mujer de Samaría a sacar agua y Jesús le dijo: «Dame de beber». (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: «¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva».
    La mujer le respondió: «Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?». Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna».
    La mujer le dijo: «Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla». Él le dijo: «Ve a llamar a tu marido y vuelve». La mujer le contestó: «No tengo marido». Jesús le dijo: «Tienes razón en decir: ‘No tengo marido’. Has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».
    La mujer le dijo: «Señor, ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén». Jesús le dijo: «Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad».
    La mujer le dijo: «Ya sé que va a venir el Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo». Jesús le dijo: «Soy yo, el que habla contigo».
    En esto llegaron los discípulos y se sorprendieron de que estuviera conversando con una mujer; sin embargo, ninguno le dijo: ‘¿Qué le preguntas o de qué hablas con ella?’. Entonces la mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y comenzó a decir a la gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías?». Salieron del pueblo y se pusieron en camino hacia donde él estaba.
    Mientras tanto, sus discípulos le insistían: «Maestro, come». Él les dijo: «Yo tengo por comida un alimento que ustedes no conocen». Los discípulos comentaban entre sí: «¿Le habrá traído alguien de comer?». Jesús les dijo: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿Acaso no dicen ustedes que todavía faltan cuatro meses para la siega? Pues bien, yo les digo: Levanten los ojos y contemplen los campos, que ya están dorados para la siega. Ya el segador recibe su jornal y almacena frutos para la vida eterna. De este modo se alegran por igual el sembrador y el segador. Aquí se cumple el dicho: ‘Uno es el que siembra y otro el que cosecha’. Yo los envié a cosechar lo que no habían trabajado. Otros trabajaron y ustedes recogieron su fruto».
    Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer: ‘Me dijo todo lo que he hecho’. Cuando los samaritanos llegaron a donde él estaba, le rogaban que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron en él al oír su palabra. Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es, de veras, el Salvador del mundo». Palabra del Señor.
    REFLEXIÓN.
    En aquellos días el pueblo de Dios estaba torturado por la sed. Muchos del pueblo de Dios hoy también están torturados por la sed, por el miedo, por la zozobra, por la inseguridad, por la pobreza, por la enfermedad, por la tristeza, por el sin sentido en la vida, por estar lejos de Dios.
    Ante aquella situación Moisés clamó al Señor. “Adoró al Señor en espíritu y en verdad”. Buscó en Dios la respuesta. Se acercó al Señor.
    En el hermoso evangelio de hoy Jesús “espera” a la Samaritana, sentado en el brocal del pozo, esa espera es para encontrarse con ella, “la sedienta”.
    Moisés clamó al Señor, la Samaritana fue esperada por Jesús. Encuentro. Presencia. Vida. Agua viva. “De su interior comenzó a brotar ríos de agua viva”: quiere decir, plenitud de vida, alegría, gozo, paz. En la samaritana se cumplía perfectamente aquella frase de Jesús (del mismo ev de san Juan 10,10): “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.
    ¿Estás en sufrimiento? Clama al Señor. ¿Estás sediento de vida? Déjate encontrar por Jesús. Pero ¿dónde lo puedes encontrar? ¿Dónde está ese “brocal” en el que Jesús te espera sentado? Ese brocal hoy es la Iglesia, son los Sacramentos, es La Biblia, es la Comunión de discípulos que se alimentan de la Eucaristía (allí son saciados con esa “agua viva”), es la Sma. Virgen que te ayuda a encontrarlo a Él; también ese brocal de encuentro con Jesús es el “sufriente”, el que pasa necesidad “Y el Rey les responderá: «Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mt 25,40).
    Hay muchos brocales, sólo es necesario tener bien abiertos los ojos del alma para poder percibir Su Presencia.
    La Sma. Virgen nos enseñe a llegar a Jesús.

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