PARROQUIA VIRGEN DEL CARMEN
PBRO. JOSÉ MANUEL IZQUIERDO GARCÍA
8 de marzo II DOMINGO DE CUARESMA
PRIMERA LECTURA
Del libro del Génesis: 12, 1-4
En aquellos días, dijo el Señor a Abram: «Deja tu país, a tu parentela y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te mostraré. Haré nacer de ti un gran pueblo y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre y tú mismo serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. En ti serán bendecidos todos los pueblos de la tierra». Abram partió, como se lo había ordenado el Señor. Palabra de Dios
SALMO RESPONSORIAL Del salmo 32
R/. Señor, ten misericordia de nosotros.
Sincera es la palabra del Señor y todas sus acciones son leales. El ama la justicia y el derecho, la tierra llena está de sus bondades. R/.
Cuida el Señor de aquellos que lo temen y en su bondad confían; los salva de la muerte y en épocas de hambre les da vida. R/.
En el Señor está nuestra esperanza, pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo. Muéstrate bondadoso con nosotros, puesto que en ti, Señor, hemos confiado. R/.
SEGUNDA LECTURA
De la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo: 1, 8-10
Querido hermano: Comparte conmigo los sufrimientos por la predicación del Evangelio, sostenido por la fuerza de Dios. Pues Dios es quien nos ha salvado y nos ha llamado a que le consagremos nuestra vida, no porque lo merecieran nuestras buenas obras, sino porque así lo dispuso él gratuitamente.
Este don, que Dios nos ha concedido por medio de Cristo Jesús desde toda la eternidad, ahora se ha manifestado con la venida del mismo Cristo Jesús, nuestro Salvador, que destruyó la muerte y ha hecho brillar la luz de la vida y de la inmortalidad, por medio del Evangelio. Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Mt 17, 5
R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre, que decía: «Este es mi Hijo amado; escúchenlo». R/.
EVANGELIO
- Del santo Evangelio según san Mateo: 17, 1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús.
Entonces Pedro le dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno sería quedamos aquí! Si quieres, haremos aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: «Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo». Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: «Levántense y no teman». Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús.
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos». Palabra del Señor.
REFLEXIÓN.
Hace 8 días el evangelista s Mateo nos presentó a Jesús como hombre, y por ello, tentado. Hoy nos lo presenta como Dios, en cuanto Dios. Jesús: Dios y hombre verdadero. Jesús de Nazareth es Dios hecho hombre. En Él Dios cumple su promesa antigua de salvación (“enemistad pondré entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya, ésta te aplastará la cabeza mientras tú herirás su talón” (Gen 3,15). Jesús es la culminación del Antiguo Testamento, de la Ley y el Profetismo, por eso aparecen Moisés y Elías hablando con Él. Cristo es la plenitud de la Thorá, de el Camino de Dios para la salvación de su pueblo. En resumen el Padre lo presenta así: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo».
Jesús es hombre, Jesús es Dios, Jesús es el Hijo de Dios muy amado, el único que complace al Padre, el que cumple la Promesa (Gen 3,15), por eso el Padre nos da la orden: “escúchenlo”, obedézcanlo.
Cristo tiene que ser nuestro centro, nuestro Dios, nuestro guía, nuestro Intercesor, nuestro Salvador, nuestro Puente, nuestro todo. Le debemos total obediencia, porque tiene todo el poder de Dios. Y ese poder de Dios lo transmite a su Iglesia: “Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes!
Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes» (Jn 20,21).
Concluyendo: Cristo y su Iglesia. Juntos. Ni solo Cristo, ni sola la Iglesia. Cristo a través de su Iglesia. No hay otro Camino. El Camino es Él a través de la Iglesia (la Biblia, los Sacramentos, el Magisterio de la Iglesia, la Liturgia…).
La misión que nos manda el Padre es: “escúchenlo”. La Virgen lo confirma: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5). Y lo insiste san Pablo: “y sometemos toda inteligencia humana para que obedezca a Cristo” (2 Cor 10,5.
Así que no hay vuelta de hoja. O todo, o nada. Tú decides. Dios te bendiga y te de fuerza. La Virgen te acompañe.
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