PARROQUIA: VIRGEN DEL CARMEN
Pbro. José Manuel Izquierdo García
10 de noviembre
XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO SEGUNDA LECTURA
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses: 2, 16-3, 5
Hermanos: Que el mismo Señor nuestro, Jesucristo, y nuestro Padre Dios, que nos ha amado y nos ha dado gratuitamente un consuelo eterno y una feliz esperanza, conforten los corazones de ustedes y los dispongan a toda clase de obras buenas y de buenas palabras.
Por lo demás, hermanos, oren por nosotros para que la palabra del Señor se propague con rapidez y sea recibida con honor, como aconteció entre ustedes. Oren también para que Dios nos libre de los hombres perversos y malvados que nos acosan, porque no todos aceptan la fe.
Pero el Señor, que es fiel, les dará fuerza a ustedes y los librará del maligno. Tengo confianza en el Señor de que ya hacen ustedes y continuarán haciendo cuanto les he mandado. Que el Señor dirija su corazón para que amen a Dios y esperen pacientemente la venida de Cristo. Palabra de Dios.
Al escuchar este texto de 2da a los Tesalonicenses, nos encontramos con uno de los escritos más antiguos del Nuevo Testamento, es anterior incluso a nuestros evangelios canónicos. Y por lo tanto nos retrata en gran medida la situación eclesial de aquellas primeras comunidades del cristianismo.
Lo primero que destaca es la CRISTOLOGÍA paulina, esto es la manera que tiene el escritor
de presentar al Señor Jesús, y lo muestra así precisamente, como SEÑOR NUESTRO JESUCRISTO, al lado, o junto a nuestro Padre Dios. El título de Señor dado a Jesucristo indica claramente que en la mente de san Pablo está la firma convicción de que es Dios, por eso lo llama Señor. Y junto a nuestro Padre Dios nos ha dado GRATUITAMENTE UN CONSUELO ETERNO: la gratuidad de la salvación; la
persona y la obra de Jesucristo es la que nos ha ganado gratis la salvación, nosotros hemos recibido esa salud sin haber tenido nosotros que “comprar” o intercambiar votos para hacerlo posible, todo es gratuidad gracias a la entrega del Señor. Junto al consuelo eterno, también la FELIZ ESPERANZA dada a los creyentes. Ese amor insondable de Dios es lo que a los cristianos los ha de CONFORTAR
en sus corazones y los han de disponer a toda clase de buenas obras y buenas palabras. Quiere decir esto que en la comunidad de los tesalonicenses había algo de desesperanza y de desánimo en la fe y en la vida, por eso Pablo les recuerda el amor de Dios presente en la comunidad para que ello les fortalezca ante las dificultades y obstáculos. Este mensaje es también para todos nosotros, el autor de esta carta nos pone delante de los ojos y de la vida, las acciones misericordiosas que Dios ha
realizado en nuestras vidas, y ello nos ha de fortalecer y confortar para no decaer y llenarnos nuevamente de la fuerza de Dios para seguir creciendo en las obras buenas y en las buenas palabras.
A continuación el autor de la carta pide a sus oyentes que oren por él, para que la MISIÓN
CONTINÚE y la PALABRA DEL SEÑOR SE PROPAGUE con rapidez y sea recibida con honor como lo hicieron los católicos tesalonicenses. La urgencia de la misión siempre fue una profunda convicción para san Pablo, originada por aquel momento en que se encontró con el Señor camino de Damasco.
Actualmente a nosotros católicos nos hace falta en mucho esta convicción paulina. Veo con tristeza que a no pocos laicos y sacerdotes no les interesa la misión, como si ésta fuera optativa. Nos urge el espíritu paulino: “HAY DE MI SI NO PREDICO EL EVANGELIO” (1 Cor 9,16). En el camino misionero existen personas perversas y malvadas que acosan a los misioneros; sus obras son malas porque no
han aceptado la fe, “de todo hay en la viña del Señor”, pero la misión no se puede detener, ni por ello, ni por nada. Y los misioneros tampoco se deben “achicopalar” antes esas situaciones perversas y de maldad, el Evangelio debe ser predicado “en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (Hech 1,8).
El maligno ataca a la comunidad, de eso está clarito san Pablo, y los anima para que la fuerza de Dios los ayude a salir victoriosos. Uno de los secretos para vencer al maligno es que la comunidad obedezca a la palabra que el misionero les ha predicado y permanezcan fiel a ella: el Evangelio.
Termina el texto deseando que el Señor dirija los corazones de los creyentes para que amen a Dios y esperen pacientemente la venida de nuestro Señor Jesucristo.
Que todas estas advertencias y recomendaciones paulinas nos ayuden también a nosotros a permanecer fortalecidos en el Señor y perseverar en la misión hasta el final.
“Al aumentar la maldad se enfriará el amor de muchos, pero el que persevere hasta el fin, se salvará” (Mt 24,12-13).










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